
Después de ti, el silencio
vinagre de uva maldita
piedra caliza deshaciéndose
en las manos temblorosas
de un anciano que olvidó
la suavidad de una caricia.
Plata sin bruñir
salitre dañando el casco del barco que
varado sin tu agua
gime añoranzas de mares verdes
y arenas blancas.
Después de ti
el gemido de una aurora
que no ha de verme.
Mabel Escribano
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